viernes, 20 de febrero de 2009

Crónica 28 - La vida tiene magia...

...si podemos y sabemos encontrarla.

Las imágenes vuelven a mí una y otra vez aunque no las evoque voluntariamente. Es hermoso haber estado ahí. Es mágico que las escenas se repitan incansablemente en mi cerebro. En realidad es mágico que el ser humano pueda hacer obras de arte tan hermosas y perfectas. Me duele pensar que esa capacidad de hacer un poco más linda esta vida, mucha gente la utilice para hacer que, por el contrario, sea un poco más horrible y más desconcertante de lo que es de por sí.

Pero no. Hoy no quiero pensar en cosas malas y deprimentes.

Quiero pensar en que puedo encontrar en el mundo algo que me dice que, aunque no sepa para qué estoy en este planeta en este momento, puedo alivianar y alegrar mis momentos acá con bellezas totalmente creadas por seres humanos y eso es mágico.

Cada vez que voy al teatro y veo una comedia musical mi mente se encarga de hacerme sentir bien. La conjunción de actuación, danza y canto en un puñado de personas que están en un escenario en perfecta coordinación con lo que hacen las demás es simplemente maravilloso. Sé que no todo el mundo puede apreciar la belleza encerrada en esas historias, aparentemente ingenuas y simplonas, en las que cantan todo el tiempo lo que está pasando, pero para mí significa adentrarme en un mundo mágico. Uso esta palabra porque no hay nada que describa el placer de ver musicales para alguien que no lo siente. Es como una especie de pasión. Así como la pasión por el fútbol no se puede explicar ("es un sentimiento, no puedo parar" dicen los hinchas semana tras semana), este placer tampoco se puede explicar del todo.

Bueno, está bien, tal vez sea yo la que no lo puede explicar. Debe haber miles de teorías y análisis estableciendo por qué el arte produce placer. Lo acepto. Pero yo no puedo terminar de explicarlo y eso lo hace todavía más maravilloso para mí.

miércoles, 28 de enero de 2009

Crónica 27 - Flashback

El día soleado hace que mi piel sienta mejor que yo que es un momento ideal para salir de la clase. Mis compañeros de 6º grado se alegran porque pueden dejar esas aulas con olor a madera y aserrín y cambiarlas por el aire cálido y el suelo verde del campito que está detrás de la escuela. Condiciones óptimas para jugar al fútbol.

Mis compañeras de 6º grado se alegran porque pueden sentarse a tomar sol mientras hablan de los chicos que les gustan y de la ropa que quisieran tener y sobre cosas más interesantes como... como... No, nada más. No parecen tener nada más en la cabeza.

Yo no me alegro mucho. Me gusta la idea de no tener que obligar a mi cerebro a pensar las aburridas y tediosas tareas que la maestra con su falta de imaginación vuelve a dictar una y otra vez. Sin embargo, mientras tuviera que hacer eso estaría bien. Mientras que tuviera que hablar únicamente de algo seguro que estamos obligados a hacer, no me importaba. Pero cuando la portera llega para avisar que hay amenaza de bomba, mi corazón y mi cabeza no me dejan pensar bien. No es por la amenaza de que una bomba explotará en el edificio en el que estoy. Todas las semanas ocurre eso, y nunca es más que una llamada hecha por algún estudiante que no estudió para el examen. Lo que me asusta es que cuando sucede eso tenemos que salir al campo que hay detrás de la escuela.

Lo peor de todo es que al no tener nada que hacer mis amigas querrán que me siente por ahí a charlar con ellas de temas que no me resultan atractivos en lo más mínimo. Y peor aún: como no me interesan no hablo, y, como no hablo, ellas me critican, se ríen de mí o piensan que soy la persona más aburrida y extraña del planeta.

Yo me quiero imaginar que no es así, que en realidad tengo otras cosas en la mente, pero ellas nunca querrán hablar conmigo de la historia que estoy leyendo, de cómo me identifico con la protagonista a la que le gusta escribir y vive en una época en la que las mujeres no hacen esas cosas. De cómo a veces pienso que nada cambió.

Entonces decido cambiar de estrategia. Si van a pensar que soy rara de todas maneras, entonces por lo menos voy a aprovechar el tiempo libre para leer. ¡Qué lástima! No traje la novela que estoy leyendo... Pero tengo la pequeña enciclopedia pasada de moda que llevé para estudiar la llegada de Colón a América. ¿Habrá algo interesante ahí? Sí, seguro que si.

Cuando llegamos al campo me retraso al dejar mi mochila junto a las otras. O eso es lo que les hago creer a las demás. Cuando veo que ya están entretenidas, me siento, abro el libro y encuentro un apartado sobre astronomía. ¡Qué buena forma de eludir las tediosas charlas sobre cómo piensan depilarse las chicas cuando pasen unos meses más!

Pero la estrategia no funciona mucho tiempo. No termino de leer la primera página cuando dos de mis amigas vienen a buscarme y riéndose me dicen: ¡Qué traga que sos! Dejá los libros. Vení con nosotras.

Mi autoestima cae, mi capacidad de defensa también y dejo que me arrastren humillada hacia su círculo de personas normales...


lunes, 5 de enero de 2009

Casi una crónica

Algo que me pasó ameritaba que escribiera una crónica... pero antes de que piense cómo redactarlo en forma ordenada les dejo el el link para que vean el resumen y las fotos en mi otro blog

http://celestisima.blogspot.com/2009/01/de-como-termin-haciendo-un-papel-de.html

viernes, 26 de diciembre de 2008

Crónica 26 - Tampoco quiero ser Piti Álvarez

La inspiración se fue... Es raro. No me gusta no tener ideas, porque siento que se va una parte de mí.

Se lo cuento a la familia y me dicen: escribí eso. Está bien. Pero otro me dice: "Tengo muchas ganas de escribir una canción pero no se me ocurre nada". ¡No! Por Dios, que no me convierta en una réplica del cantante de Intoxicados. Sobretodo porque él tiene la excusa de las sustancias que carcomieron su cerebro. Yo no tengo más excusa que haber sobrecargado mi mente de obligaciones durante el año.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Crónica 25 - No quiero ser una más del montón

Y de repente sentí algo que no había experimentado en toda mi vida. Un sentimiento maligno.

Hacía un calor extremo. La vuelta en tren del trabajo hoy resultaba un tanto más placentera porque, extrañamente, había conseguido asiento. En el mismo espacio en el que me encontraba otras 3 mujeres jóvenes iban sentadas. Dos eran amigas, no charlaban todo el tiempo, pero de vez en cuando intercambiaban algún comentario sobre algo que recordaban o veían en el tren. La otra no recuerdo qué hacía, o si escuchaba música, porque yo iba leyendo absorta la última parte de una saga apasionante sobre vampiros.

Y de repente ocurrió lo que ocurrió. La mujer que iba al lado mío se paró para dejarle el asiento a una señora que yo no veía pero, supuse, estaría embarazada o tendría un bebé en brazos. Primer pensamiento maligno: menos mal que estoy del lado de la ventanilla, así no me tengo que parar. Sin embargo, esta primera reacción no me sorprendió, ya que venía cansada y después de todo no soy perfecta, sólo un ser humano que la mayoría de las veces es solidaria.

Pero, de pronto, vi cómo se acercaba la señora con una beba en brazos en cuestión... Con otros 3 chicos muy pequeños más, y una amiga o hermana un poco más chica que ella.

Ese fue el sentimiento maligno . ¡Qué bronca! Había un sólo asiento para todos. Tendría que pararme, y realmente me sentí asombrada de lo mucho que me molestó el hecho. Me disponía a guardar el libro en el que tan placenteramente iba inmersa, cuando vi que las otras dos chicas se levantaban. "Ya fue", pensé, "ya tienen todo el lugar que se merecen". Aunque inmediatamente otra voz en mi cabeza, la que escribe esto indignada, respondió: "¿Cómo todo el lugar que se merecen? ¿Es que acaso pensás que no tienen derecho a sentarse en el tren?". "No", respondió mi diablito que hasta ese momento no había tenido nunca trabajo - que yo recuerde - "¿por qué tiene que venir con tantos chicos juntos?"

Lo sé, soy una basura. Esos pensamientos totalmente irracionales son lo que más detesto. Esa falta de consideración hacia los demás también.

¿Será que me estoy convirtiendo en una más del montón? Espero que no.

Que la empresa de trenes que anda mal, que tener que trabajar todos los días no me haga una más de esas personas a las que no les importa nada. Por favor, que no pierda lo único de cordura que me queda.

jueves, 16 de octubre de 2008

Crónica 24 (¿Feminismo o estupidez?)

"Yahoo! Argentina lanza “Mujer”, un sitio dedicado a ellas."

¡¡¡La pucha!!! Otra vez los medios o empresas multimediáticas se piensan que es verdad esa frase tan popular como inexacta de que "Todas las mujeres son iguales". ¿Por qué no sacan un sitio que se llame ¿¿Hombre??? y ponen ahí todo lo que sospechan que les interesa a todos los hombres. Excluyo los sitios pornográficos porque no se ajustan a aquello de lo que estoy hablando, aunque también haya discriminación en esos sitios, ni hablar de ver a la mujer como objeto.

¡Cierto! Seguimos en el siglo XIX... O XVIII o menos... donde lo "serio", como la política, la economía, las noticias de sociedad, las estadísticas, los estudios sociológicos, la literatura etc, siguen siendo destinados únicamente a los hombres. Por eso no necesitan un sitio especial dedicado a ellos. Además porque para su diversión tienen los portales de noticias deportivas, obviamente dirigidos a los machos. Porque "las mujeres" no sabemos nada de fútbol. ¡Ja!. ¿Qué diría mi amiga futbolista de esto? ¡Ah! ¿Y los demás deportes? También son relegados. Como "LA" mujer. Al ser incluida como categoría especial.

Los que hacen esos sitios creen que a la mujer le interesa: el sexo, la cocina, los hombres, la moda, cómo llevar adelante el hogar, los chimentos del espectáculo. ¡Cómo si ya no estuviéramos repletos de medios que hablan de estas cosas, ellos agregan uno más que repite lo mismo pero se dirige específicamente a la mujer! Esa mujer "actual". Déjense de hinchar. Yo soy una mujer actual y me interesan muchas otras cosas. Las mismas que le pueden interesar a cualquier hombre. No necesito un sitio que me diga qué tengo que leer si soy mujer.

Leo lo que quiero. Si soy una mujer a la que le gusta la música, busco sitios dedicados a la música. Si soy una mujer interesada en los deportes, abundan las publicaciones sobre este tema. Y así sucesivamente.

A mí no me habla un sitio que se llame "Mujer". Me habla un sitio que esponga ideas interesantes. Y punto. Y si alguien encuentra una continuidad de ideas interesantes en un sitio o suplemento que se llame Mujer, que me avise. Recomendaré que se llame de otra forma porque entonces sería una exposición de ideas que podría leer cualquiera, sin importar el género.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Crónica 23

Quiero creerle a Scalabrini Ortiz. Porque me daría una aproximación acerca de por qué de adolescente me sentía así. Resulta que este señor me explica: "El porteño es hombre de morosidades, y no está arrepentido de ello. Esa morosidad embota las facultades intelectuales. Por otra parte, el porteño de es hombre de entendimientos fatigosos: no los desea, ni los busca. El porteño admira la inteligencia que actúa desprevenida en un hecho inesperado: la sutileza, la sagacidad, la astucia, la elección acertada. Pero el porteño desdeña la inteligencia que se vanagloria de sí misma, la inteligencia que no se aboca a los planteamientos de la vida común, esa inteligencia conceptual que se nutre de libros, de teorías, y no de sensaciones"*

Ahora bien, yo siempre fui más del segundo tipo. ¿Inteligencia práctica? ¿Qué es eso? Nunca la tuve. Mi hermana me dijo hace poco: vos entendés lo más complicado, pero las cosas simples no las entendés. Y tiene razón.

Esto que decía Scalabrini Ortiz viene a explicarme que una de mis amigas de la adolescencia al decirme ciertas cosas no se daba cuenta de lo mal que me hacía. "Ser inteligente no es sacarse 10 en el colegio", me aseguraba siempre, por ejemplo, cuando yo no sabía preparar alguna comida o hacer alguna manualidad con los elementos que encontráramos en el momento.

Lo que entiendo, tomando las palabras de este autor que estoy leyendo, es que ella siempre estuvo más en sintonía con la idiosincracia argentina. Y yo, soy rara.

No me hace sentir mejor ni peor. Simplemente puedo teorizar de alguna manera ciertas cosas que me pasaban... y me siguen pasando.

Yo debo ser una abstracción extraña. Pero, esperen, si en Argentina hay muchos intelectuales. Sí, claro, pero no tantos intelectuales como habitantes. Además, la mayoría de la gente no admira a los intelectuales como, supongo, debe pasar en otros países. Admira a la que se desnuda en televisión cuando supuestamente debería estar bailando o patinando. Admira, no porque la tome como ejemplo, sino porque la mira y se pasa horas viendo como los otros la admiran también y hablan sobre ella. Es así. Que nadie me venga con elucubraciones mentales hoy. Me gustaría que mi pueblo fuera diferente. Pero es el que me tocó. Y, ¿qué voy a hacer? Lo mismo de siempre. Tratar de ignorar a la masa y quedarme con ese mínimo porcentaje de intelectuales, artistas y personas que están en mi sintonía. Que no sé cuál es. Pero supongo que está formando también parte de ese ser argentino.





* Raúl Scalabrini Ortiz - "El hombre que está sólo y espera"