martes, 24 de marzo de 2009

Crónica 31 - Dolorosas y necesarias reflexiones

En días como éste me es imposible no ponerme a pensar que hace tan pocos años hayan ocurrido hechos tan despreciables y horribles como los llevados a cabo por la última dictadura militar. No puedo creer que haya gente tan estúpida o morbosa como para matizar de alguna forma lo que ocurrió durante ella o como para decir en alguna charla casual sobre la inseguridad: "Deberían volver los militares".

Una especie de vacío se apodera de mi estómago y casi me dan ganas de vomitar cuando los escucho. Es así, es más fuerte que yo. No puedo concebir que haya alguien que diga eso. Cuando hubo tal cantidad de desaparecidos, hijos arrancados de los brazos de sus madres, y semejantes torturas inhumanas de las que no cabe duda que existieron. Algunos me dicen que no importa la cantidad de muertes cuando hablamos de estos temas, yo replico, aunque hubiera habido una sola persona perseguida, desaparecida y torturada de tal forma por parte de un gobierno, hubiera sido atroz como lo fue. Solamente que se multiplica por miles. Fue uno de los peores terrorismos de estado, eso debería bastar para repudiarlo.

Nada más me queda reproducir segmentos de la Carta Abierta que escribió Rodolfo Walsh, ese periodista al que admiro tanto que siento que debería haber un verbo mejor que "admirar". Siempre voy a sentir que mi vida en cierta forma es vacía en comparación con lo que hizo este hombre.

Segura de que muy pocos van a leer lo que reproduzca aquí, lo hago igual. Me hace sentir un poco mejor y es mi forma de compartir las reflexiones que tengo durante este día, y que, sin embargo, en mi caso ocupan gran parte de mis pensamientos durante todo el año, por ejemplo, cada vez que escuchó decir a alguien esa frase atroz que ya mencioné al principio. Y este año más que nunca porque elegí pasar mis vacaciones en compañía de un gran libro de Miguel Bonasso que se llama Recuerdo de la muerte y que habla de las penas de uno de los detenidos por la Junta Militar.

Leer o escribir sobre el tema me hace sentir un poco mejor y siento que es el mínimo homenaje que puedo hacer, así que por eso lo hago. Hay días en que puedo dejar de pensar en los hechos que oscurecieron una vez más la historia de nuestro pueblo (no olvido la también horripilante Campaña al Desierto, entre tantos otros...) pero eso me hace sentir peor. Porque pienso en esas madres y abuelas (y también padres, hermanos, abuelos...) que perdieron a sus seres queridos y no pueden olvidar ni un solo día de sus vidas lo que les fue arrebatado.

Fragmentos de la Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar, de Rodolfo Walsh, publicada el 24 de marzo de 1977.

"Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.
[...]
Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.
Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".
Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subtérráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe".

3 comentarios:

sonoio dijo...

desde hace mucho
que no vuelva asuceder depende de nosotros
pero parece
que no tenemos demasiado memoria

un beso

G. Martin dijo...

No es que no tengamos memoria, es que nos la destruyen, nos la roban.
La nueva estrategia es no encerrarnos en calabozos, sino encerrarnos en nuestras casas con mentiras. Hablándonos de la "inseguridad", haciéndonos creer que nuestro vecino es nuestro peor enemigo, que debemos odiar a nuestro hermano. Que más importante que saber lo sucedido hace treinta años, es saber lo que dijo tal o cual personaje de la farándula....
Hoy en día no se tortura nuestro físico, pero si nuestra inteligencia. Tan anesteciados estamos que ni nos damos cuenta de lo que nos hacen, no sabemos contra qué pelear.
Pero la memoria está. Todavía están los que sobrevivieron a la "máquina", todavía están las Madres, todavía están los hijos que van armando de a poco su pasado. Existe memoria porque existen ellos, lo que también existe es desinformación.
De nosotros depende mirar más hacia allí, y menos hacia la T.V.
Saludos
Gonzalo
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