viernes, 22 de agosto de 2008

Crónica 21

El transporte público es uno de los lugares donde más me inspiro. Debe ser porque para no tener que aguantar que mi cerebro me diga lo mal que estoy viajando, me refugio en mis pensamientos. Hace mucho tiempo que no me siento en el colectivo a las 7 de la mañana de un lunes. Todos los escolares vistiendo su guardapolvo para empezar la tediosa jornada educativa. Hacía mucho tiempo que no me veía obligada a recordar mi propia etapa de alumna. Pienso aliviada que no cambiaron muchas cosas. Los niños y adolescentes suben al colectivo que los lleva a su pequeña tortura diaria. Los más chicos más alegres, los adolescentes charlando entre ellos. Una amiga le dice a otra: "¡Mirá quién está ahí!". "Qué lindo es", responde la chica- que tiene una mochila de un trío que considero espantoso- con aspecto de dormida todavía.

En eso no cambió nada. Pero algunos detalles me hacen volver a la realidad y darme cuenta de que el tiempo pasó. Y ya no son los mismos tiempos. Un dúo de hermanos se sienta delante de mi asiento. El menor, de unos 7 años, lleva un celular con auriculares en la mano y comparte con su hermana aquello que está escuchando. Entonces, cambia de emisora y la más grande le dice: "Dejá ahí". Y el otro, enojado, le arrebata el auricular. La mayor de los hermanos queda perturbada y trata de molestarlo durante todo el trayecto, hasta que ya no aguanta más y le quita el celular para escuchar ella lo que quiere. Yo pienso: "¿No es más fácil compartirlo y escuchar un tema cada uno?". Parece que no, como en muchos ámbitos de la sociedad actual -más de lo que puedo soportar- el egoísmo se hace presente. Doy vuelta la cabeza y me doy cuenta del segundo hecho que me demuestra que los niños no son lo que eran. Un chico de unos 10 años juega despreocupadamente con el piercing verde fosforescente que lleva debajo de su labio inferior.

Los tiempos cambiaron, pienso. Y no sé si es bueno o malo.

1 comentarios:

dulcinea dijo...

A veces mi generación, o la que me rodea, me asusta. Me asusta literalmente.
Me gusta ser como soy, no es por presumir, pero por suerte no soy como los demas.. jaja me fui por las ramas.
Te quiero Cel, me gustan tus cronicas.

dul~

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